Para muchas personas, la iglesia católica romana es sinónimo de la iglesia cristiana. Sin embargo, existe una brecha grande entre católicos y cristianos, a pesar de que compartimos el título de «católicos», ya que, en efecto, somos la iglesia «universal» de Cristo. Tenemos palabras en común, pero basta indagar un poco para ver que la práctica es lo que nos diferencia…enormemente.

            Tomemos, por ejemplo, a Jesús…para nosotros los cristianos, Jesús es el único camino que lleva a Dios; para el católico romano, ese camino también lo puede causar María. Para los cristianos, las Escrituras son nuestra mayor fuente de autoridad, para el católico romano es la tradición. Para el cristiano, la Santa Cena es una ocasión para conmemorar a Cristo y su sacrificio en la cruz, para el católico romano, Cristo es la cena.

            Entre las diferencias existentes, los sacramentos sobresalen. Estos son actos simbólicos que la iglesia católica romana practica para externar su «espiritualidad». Una cosa notable es que los católicos practicantes lo hacen para alcanzar cierto nivel de espiritualidad. A diferencia de los cristianos, que una vez que hemos recibido al Espíritu Santo y hemos entregado nuestra vida a Cristo, entonces vienen las obras, llegan como una consecuencia por esa entrega a Dios, no como medio para llegar a Él.

            Uno de los siete sacramentos es el de la penitencia, el cual consiste en la confesión de los pecados, que a su vez son «absueltos por Dios, a través de un sacerdote». ¿En qué parte de la Biblia está especificado que los hombres son los que tienen el poder de perdonar pecados? Por supuesto, podemos perdonar las transgresiones que son cometidas en contra de nosotros, pero no tenemos bajo ningún motivo, el poder perdonar los pecados de los demás. Por esa razón es que cuando los amigos del paralítico lo bajaron por el techo para ser sanado por Jesús, los fariseos se escandalizaron en cuanto Cristo dijo «Tus pecados te son perdonados» (Marcos 2:5), porque NADIE mas que Dios tiene el poder para perdonar pecados…NADIE.

            Haciendo una total omisión de lo que la Escritura indica, la ICR ha tomado el sacramento de la penitencia para realizar este perdón, el sacramento se realiza conforme a los siguientes pasos:

  1. La Reconciliación: examen de conciencia donde se recuerdan los pecados propios
  2. El Arrepentimiento: también conocido como acto de contrición, es la acción de reconocer que se ha ofendido a Dios. Existiendo el firme propósito de no volver a pecar.
  3. La Confesión: es la manifestación breve, sincera y completa de los pecados ante el sacerdote.
  4. La Absolución: es el perdón de los pecados por parte del sacerdote con la autorización de Jesucristo, fortaleciendo la confianza y esperanza en Dios.
  5. La Satisfacción: es el acto de penitencia impuesto por el sacerdote para reparar el daño ocasionado por el pecado.

Este sacramento debe ser individual y secreto. Ahora, consideremos que, a simple vista, llega a ser similar a nuestro proceso cristiano de oración: pedimos perdón por el pecado cometido con el firme propósito de no volver a cometer esa transgresión. La importante diferencia es que nuestra oración está mediada por el Espíritu Santo y va directo al Padre, no ante un sacerdote humano.

Cristo dijo “Ve y no peques más” (Juan 8:11). Dios perdona nuestras ofensas cuando somos genuinos en nuestro arrepentimiento, nos ordena a no pecar más, y lo hace porque es algo posible. Sin embargo, en el sacramento de la penitencia, no es suficiente esta declaración secreta de nuestros pecados, sino que, para ser absueltos, el sacerdote indica el número de rezos que hay que realizar para terminar el proceso y estar limpios de pecado. Es por esto que se vuelve fácil ser un pecador con licencia temporal, no hay una necesidad urgente de cambiar de hábitos pues con tanta simplicidad una persona puede estar siendo absuelto cada vez que va a confesarse. No hay una urgencia en buscar la santidad pues el perdón se puede obtener a través de rezos y en última instancia, a través de indulgencias. ¿Dónde queda el compromiso con la ordenanza de Cristo: “Ve y no peques más”? Cristo no dijo: «Ve, confiesa tus pecados y reza 5 Aves Marías». Esto se vuelve monótono y carece de un compromiso real con Dios.

Algunos métodos de penitencia que la ICR ha impuesto, según el Código de Derecho Canónico de 1983:

  • Todos los viernes, debe guardarse abstinencia de carne o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia en Miércoles de Ceniza y Viernes Santo (Canon 1251)
  • Ayuno a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. (Canon 1252)

Se le ha puesto un precio muy barato al pecado. La realidad es que el pecado tuvo un precio muy alto que fue pagado con la muerte de Cristo.

Nosotros tendríamos que pagar con la muerte por nuestros pecados, pero Cristo se sacrificó por todos. Él dio su vida en la cruz, se humilló ahí…por nosotros.

Dios desea perdonarnos, desea tener una comunión con nosotros y por eso es tan paciente y muestra su misericordia, 2 Pedro 3:9 nos recuerda: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento».

El perdón no se gana, no se compra…el perdón se obtiene de Dios a través de Jesucristo, no hay lugar en la Biblia donde se diga lo contrario. Lo recibimos por gracia y misericordia. Lo recibimos por medio de la oración, y lo perfeccionamos al caminar en santidad, al caminar con el Espíritu Santo.

Tomar las riendas y perdonar los pecados de los demás es usurpar el lugar de Dios.

La ICR dice que después del bautismo no es posible obtener el perdón de los pecados mortales sin la confesión, que todos los pecados mortales cometidos después del bautismo deben ser acusados en la confesión. Se insta a que el pecador recuerde todos sus pecados, pues comete una falta grave si omite alguno, pero ¿qué hay de los pecados que cometemos y de los que no tenemos memoria?

            Existe en nuestra naturaleza una tendencia natural hacia el pecado, pues venimos de un mundo caído, y con frecuencia, aunque cada vez menor, llegamos a cometer pecados inconscientemente. Y aunque en su mayoría son pecados «menores», siguen siendo pecados, y hasta que nos son revelados por el Espíritu Santo podemos llevarlos al arrepentimiento y buscar la eliminación de estos. Por ejemplo, aquellos pecados ocultos de nosotros, pero visibles a los demás, como la envidia, el orgullo, los celos, la vanidad, entre otros. Estos pecados son difíciles de erradicar cuando somos portadores de ellos pues los llevamos arraigados, y mientras no estemos sometidos al escrutinio del Espíritu Santo y no nos pongamos en sus manos en totalidad, vamos a estar cargando con ellos. Entonces, si nos guiamos por el mero sacramento de la ICR y no confesamos estos pecados, pues de partida ni los reconocemos, ni están visibles ante nosotros, la penitencia por los que sí confesamos queda de cualquier forma invalidada, pues hay pecados que quedan sin su satisfacción (su penitencia).

            El sacramento de la penitencia queda como un ritual monótono, vendido para silenciar por momentos la conciencia, realizado ante un Cristo muerto que sigue colgado de la cruz. Un Cristo que no puede juzgar…en lo que la iglesia católica romana ha fallado miserablemente, es en mostrar al Cristo que resucitó. Cristo ya no está en esa cruz, Cristo ya no está en la tumba…Cristo resucitó y ascendió al Padre y ahora está sentado a su diestra.

            Dios está vivo. Está recibiendo nuestras oraciones y nos está otorgando el perdón, está morando en nosotros para ayudarnos a vencer las tentaciones, a cambiar nuestra vida y a dejar los pecados atrás. Está transformándonos día a día en personas que buscan ser santos, sin mancha. Está constantemente perdonándonos, solo necesitamos acercarnos a Él en arrepentimiento genuino, nuestro mediador es Cristo, perfecto hombre que es Dios mismo; no podemos ser mediados por otro hombre como nosotros, un sacerdote es un hombre con fallas, con pecados, y que necesita la salvación como nosotros la necesitamos. Un hombre así no puede portar nuestros pecados, no puede darnos salvación y no puede perdonarnos. Solo Cristo, solo Dios.

            Dios está vivo y está esperando nuestro arrepentimiento, nuestro amor y nuestra entrega total a Él.

 

 

Bibliografía:
Los siete sacramentos. www.los7sacramentos.net/sacramento-la-penitencia
Consultado abril 9, 2019
www.es.catholic.net/op/articulos/53559/cat/130/formas-de-penitencia-ayuno-y-abstinencia.html#modal
Consultado abril 9, 2019.
www.aciprensa.com/penitencia
Consultado abril 9, 2019
silhouette photography of hanging rosary
Photo by Vanderlei Longo on Pexels.com

2 comentarios sobre “El Sacramento de la Penitencia

    1. Hay términos teológicos que nos unen, como la Trinidad, Cristo como salvador…pero ya en la práctica somos distintos. Por eso hice mención de que basta indagar qué significa para ellos algo, por ejemplo, la Santa Cena, que ellos la llevan hasta el extremo de la transubstanciación. Coincido contigo en que en la práctica no somos iguales. ¡Saludos!

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